El pecado en sí, podría definirse fuera del marco ortodoxo exlesiástico, como toda acción o intención encaminada a la destrucción o daño.
La Biblia abre el tema tan pronto como termina la narrativa de la Creación; el pecado, definido en la historia entre Adán, Eva, la serpiente astuta, y el árbol de la ciencia del bien y el mal.

¿Por qué?
Porque Jehová es un Dios celoso, de toda su creación; hay abundantes textos que refieren esto.
Nosotros, como humanidad, pueblo de Dios, estamos incluidos en este sentimiento de Dios.
Así como el universo, operando con magnitudes en un perfecto equilibrio, Dios quiere que nosotros también seamos bajo su orden.
Cuando este orden es violentado, se convierte en pecado. El universo entero está lleno de fibras de la creación de Dios que nosotros rompemos todos los días.
Incluso un simple pensamiento basta; desearle el mal a alguien es una intención destructiva contra alguien que también fue creado por el todopoderoso.
Eso no forma parte del equilibrio de la Creación.
Adán y Eva nos trajeron ese peso al desobedecer a Dios, comiendo del fruto del árbol de la ciencia, del bien y el mal.
Dios les dijo Génesis 2:16-17 RVA2015
[16] Y el SEÑOR Dios mandó al hombre diciendo: “Puedes comer de todos los árboles del jardín; [17] pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás”.
Adán significa “ser humano”, entonces Jehová estaba hablando de la humanidad por su naturaleza violenta desde el libre albedrío; conocer qué es el bien y el mal.
Y tan pronto como Dios sentencia, ocurre el segundo pecado, que es un acto de violencia de Adán contra Eva en la respuesta: Génesis 3:12 RVA2015
[12] El hombre respondió: —La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo comí.
Adán y Eva ya no eran una sola carne ante el peso de ma culpa, y es esta escena la que configuró la realidad del ser humano en todas las realidades posibles; su autodestrucción por sí mismo, su muerte
La humanidad heredamos la destrucción como un ejemplar fallido.
Todo el universo en perfección, bajo su diseño, y nosotros, creados a su imagen y semejanza, fallamos y nos condenamos a la autodestrucción.
Por eso tenemos la historia más maravillosa del universo; Jesucristo, el hijo de Dios, sacrificándose por nosotros, para que entendiéramos su mensaje de amor, un mensaje que alberga la naturaleza de Dios mismo, que es algo que podemos llevar nosotros también.
Si Jesucristo no hubiese venido, nos autodestruiríamos por nuestra propia maldad, estábamos condenados a la muerte, y después de esto, el juicio.
Entonces, el pecado es toda intención y/o acción encaminada a la destrucción o/y daño.
Pero ¿Dónde nace el pecado?
El mismo ejemplo de Adán y Eva nos dicta que todo esto es una mecánica que ocurre en nuestra conciencia, todo empieza por una decisión.
La conciencia es la cosa que define las acciones de nuestro ser, nuestra alma.
Está regido por el pensamiento, por eso los apóstoles apuraban a la iglesia Primitiva a adoptar el pensamiento de Jesús a través del Espíritu Santo.
La batalla es eterna y ocurre en nuestro pensamiento, en nuestra mente; en el que un simple deseo que atente contra un estado de equilibrio de la creación de Dios, conforma el pecado.
Jehová escogió al pueblo hebreo para entregarnos por medio de Moisés, una serie de mandamientos que tenían dinámicas doctrinales radicales.
El resto de las culturas estaban inmersas en prácticas paganas, es decir, que no respetaban la naturaleza divina de la Creación. Los cultos a deidades llegaban a sacrificar bebés recién nacidos en hogueras a dioses como Moloch o Baal. Destrucción y caos.
Las leyes eran duras, pero rigieron y permearon cultura de respeto y temor a Dios hasta la llegada de Jesucristo, que fue quien entregó la carga informática de la mente de Dios a la humanidad mediante su sacrificio.
Los primeros cristianos entendieron la naturaleza de Dios, su amor por nosotros, la necesidad de alejarse del pecado, no solo por temor y respeto a su Él, sino, por congruencia, pues el pecado siempre venía con consecuencias desastrosas y muerte.
Desde ahí la conciencia humana tuvo discernimiento de la maldad, y lo que Dios quiere para nosotros gracias a la intervención divina del Espíritu Santo.
Por ello, el centro de batalla donde ocurre el pecado, es en la conciencia; una decisión define si estamos agradando a Dios, o pecando.
Una simple carga informática en la decisión; sí o no. El libre albedrío en una elección.
Por eso Jesucristo sintetizó la Ley de Moisés a solo 2 mandamientos; el primero es el más importante:
Mateo 22:37 RVA2015
[37] Jesús le dijo: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Este mandamiento abarca absolutamente todo.
Estás con Él, o eres agente de destrucción de su Creación.
Cada cosa que hagas, debes medirlo con este mandamiento.
Por ello, es importante entrenar la conciencia, y para ello necesitamos al Espíritu Santo siempre; Él es quien tiene el único entrenamiento para vivir una vida en santidad.






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