
En Restauración de Vida llevamos varios años celebrando las Primicias, no como una carga religiosa, sino como un acto consciente de gratitud, fe y comunión.
En nuestra congregación, nuestro Padre se ha manifestado de manera muy profusa, entregando milagros grandiosos e increíbles a sus fieles por medio de nuestro señor, Jesucristo. Ha cambiado vidas radicalmente.
Desde esta lógica, creemos en la urgencia de agradecer en alma y espíritu su bondad y misericordia, por lo que esta práctica es una visión bíblica antigua que entiende la vida como don, el tiempo como sagrado y la provisión como algo que se honra compartiéndolo.
Las primicias en la tradición judaica
En el judaísmo bíblico, las primicias (bikkurim) eran los primeros frutos de la cosecha, ofrecidos a Dios como señal de reconocimiento y gratitud. No se entregaba lo sobrante, sino lo primero, lo que inauguraba un nuevo ciclo.
“Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de YHWH tu Dios” — Éxodo 23:19
Este acto declaraba algo fundamental: la vida, la tierra y el fruto no se dan por sentados.
La entrega de las primicias iba acompañada de una narración (Deuteronomio 26). El pueblo recordaba su historia: la esclavitud, el desierto, la liberación, y esto nos revela algo clave. Las primicias no eran solo un acto material, sino un ejercicio espiritual de memoria, identidad y gratitud. Agradecer no solo por lo que se tiene, sino por el camino recorrido.
A diferencia de prácticas religiosas basadas en culpa o miedo, las primicias eran una celebración comunitaria:
-Se llevaban con cantos y alegría
-Incluían vino, pan, aceite y frutos
-Se compartían con sacerdotes, extranjeros, huérfanos y viudas.
En la visión hebrea, agradecer a Dios siempre desemboca en compartir con otros. No hay espiritualidad auténtica sin comunión.
Uno de los aspectos más profundos de las primicias es que nadie celebraba solo. El acto tenía un impacto social:
-Se sostenía a quienes servían
-Se incluía al vulnerable
-Se fortalecía el tejido comunitario
Así, la gratitud se convertía en justicia y cuidado mutuo.
Al celebrar las primicias al inicio del año, Restauración de Vida declara como acto de fe que:
-Iniciamos el año agradeciendo, no reclamando.
-Reconocemos que Dios va delante, antes de ver resultados.
-Elegimos una fe que comparte y celebra.
-Consagramos el tiempo, el trabajo y la esperanza desde el inicio
-No damos para recibir, damos porque ya hemos recibido.
Una práctica que sana la espiritualidad
En un contexto donde muchas expresiones de fe han reducido el dar a obligación o presión, recuperar el sentido de las primicias es volver a una espiritualidad más humana, más alegre y más comunitaria.
Celebrar las primicias es recordar que la fe nace del agradecimiento, la provisión se honra compartiéndola, y sobre todo, que Dios se encuentra en la mesa, en la memoria y en la comunidad.









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