¡Qué tremenda bendición fue la predicación que nos entregó la pastora, Andrea Ramos, el pasado domingo, hermanos!

A pesar del frío que nos retó a salir de casa, el Señor reunió corazones dispuestos y quebrantados para honrarle.
Como dice la Escritura: “El corazón contrito y humillado, el Señor no lo desprecia jamás” (Salmo 51:17).
El mensaje nos llevó directamente a Jueces capítulo 6, donde vemos a un pueblo de Israel sumido en una profunda crisis espiritual y material.
Durante siete años los madianitas, junto con los amalecitas y otras tribus del oriente, los oprimían como langostas: destruían cosechas, robaban ganado y los dejaban en extrema pobreza.
¿La razón?
El pecado y la idolatría del pueblo habían roto su comunión con Dios, sacándolos de la preciosa protección que promete el Salmo 91: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”.
En medio de cuevas, escondites y terror, Dios envía primero un profeta para recordarles sus promesas y su liberación pasada de Egipto… y luego, de manera sorprendente, llama a Gedeón.
Imagina la escena:
Gedeón, escondido en un lagar, sacudiendo trigo en secreto para que los madianitas no se lo robaran. Un hombre que se sentía el más pequeño, el más pobre, el más insignificante de su familia. Temblando de miedo, lleno de dudas y excusas:
“¿Cómo voy a salvar a Israel?
Mi familia es la más pobre… y yo soy el menor”.
Pero el Ángel de Jehová se le aparece bajo la encina en Ofra y le dice: “Jehová está contigo, varón esforzado y valiente” (Jueces 6:12).
Y luego, con autoridad divina:
“Ve con esta tu fuerza… Ciertamente, yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre” (Jueces 6:14,16).
¡Qué contraste!
Dios ve en Gedeón lo que él mismo no veía: un guerrero valiente, porque el nombre “Gedeón” significa precisamente eso.
El llamado de Dios no depende de nuestra capacidad, sino de Su presencia y Su gracia.
El mensaje nos desafió profundamente:
- El pecado y la desconexión nos hacen vulnerables al enemigo (como los madianitas que acechan cuando salimos de la sombra de Dios).
- Dios nos busca hasta en nuestros escondites más profundos (como hizo con Elías bajo el enebro).
- El llamado de Dios cambia nuestra condición: de miedo a valentía, de pobreza espiritual a abundancia en Cristo, de insignificancia a instrumento poderoso en Sus manos.
- Ser siervo fiel implica:
- Presentar ofrenda y consagración total
- Derribar los altares de Baal que aún tenemos en el corazón (pecado, idolatría, adicciones, mentiras, egoísmo)
- Obedecer aunque parezca imposible (recordemos como Dios redujo el ejército de 32,000 a solo 300 para que la gloria fuera completamente Suya).
Cuando el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, tocó el cuerno… ¡Y 32,000 hombres respondieron al llamado! Y con solo 300 valientes vigilantes, obedientes y revestidos del poder de Dios, se logró una victoria gloriosa que dejó a los madianitas confundidos y destruyéndose entre sí.
Hoy Dios nos dice lo mismo que a Gedeón: “Yo estaré contigo”.
Él no busca personas perfectas, sino corazones dispuestos. Él transforma cobardes en valientes, pobres en ricos en fe, y pequeños en instrumentos de grandes victorias.
Preguntas para reflexionar esta semana:
- ¿Qué “altares” de Baal aún están en pie en mi vida?
- ¿Estoy viviendo bajo la sombra del Omnipotente o me he desconectado y me siento vulnerable?
- ¿He respondido al llamado de ser siervo fiel en mi familia, trabajo, iglesia y comunidad?
¡Dios te está llamando hoy a servirle con todo tu corazón! No con excusas, no a medias… sino con obediencia y consagración total.
Que este mensaje siga resonando en nuestros corazones y vidas. Que el Señor levante en nuestra congregación muchos “Gedeones” dispuestos a derribar altares, obedecer Su voz y ver cómo Él da la victoria.
¡Gloria a Dios por Su fidelidad!
Amén y aleluya.
¡Te esperamos el próximo domingo para seguir creciendo juntos en la presencia del Señor!
Bendiciones abundantes,
Te dejamos el link para que veas en su dimensión el tremendo mensaje:










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